Sobre mí

El peludo de arriba soy yo. 

El de la izquierda.

Y la de la derecha es Catalina.

       

De la oveja, si me sigues la pista, oirás hablar, aunque antes te hablaré un poco de mí, de un personaje sencillo y sin medallas que colgarse.

No las quiero.

Porque no las necesito.

Para estar aquí compartiendo mi trabajo, solo necesito no tener miedo a sentir ni a decir lo que siento.

Y eso hago.

Algunos lo llaman felicidad, paz, libertad… yo lo llamo «el estado natural de dejar de pegarte guantazos contra tu famosa historia personal»

¿Lo has intentado, verdad?

Seguro que sí.

Puede incluso que estés hasta el gorro de encontrar una y otra vez, de nuevo esos muros que se supone que habías derribado hace años. Y te lo está contando uno que se ha peleado con el mundo de lo lindo… ya ves tú, hasta que uno comienza a darse cuenta del chiste.

El chiste de que la amenaza no estaba afuera, conocido también como «el bucle inconsciente de inventar telenovelas que te hacen sufrir a la vez que enganchan»

El chiste de que yo, y nadie más, era quien había pagado la entrada de cine para ver mi propia película de drama hollywoodiense.

Yo.

Grandioso.

Ahí es cuando la mente despierta.

Se abre una forma de mirar la vida. Y por supuesto, de vivirla.

…y entonces, ante este panorama ¿Cómo puedo ayudarte?

¿Con las típicas palabras… como todo el mundo intenta?

«Lucha por tus sueños…» «Conviértete en tu mejor versión» «Huye de la gente tóxica» «No tengas pensamientos negativos…»

Palabras repetidas,

…incluso trilladas diría de tanto que las has escuchado.

La diferencia está en como usar las palabras, si para lo de siempre que es describirte la lista de cosas que tienes que hacer o cambiar en tu vida… hasta que te entre sueño y te duermas de nuevo la siesta.

(creo que eso ya lo conocemos todos)

…o transformar la palabra en un puente que te lleve de la mano directamente al centro mismo de tu capacidad, de tu poder real, de tu «voy a por ello, siento la fuerza y la convicción que andaba buscando» 

Yo me acerco con este respeto y presencia  a la palabra. Conozco su poder creador, y desde aquí te la comparto.

Esto sí crea un cambio.

Real.

Porque te lleva a la «acción sin discusión».

Enseñándote que se puede, lo primero, y cómo se puede, lo segundo.

La vía que te voy a mostrar es directa.

Puede dar vértigo al principio, pero funciona.

¿Lo hago mejor o peor que mi vecino?

No lo sé, ni me importa, porque lo hago desde la claridad y el corazón.
…y las competiciones, las dejamos para las carreras. (ahora lo entenderás un poco más abajo)

Así que

¿te gustará mi trabajo?… quizás.

Aunque tú mejor que yo, sabes lo que andas buscando.

…y ya te digo que las medallas, por mí, se quedan en las olimpiadas.

¿Qué me dices Sem?

Pues eso, que recuerdo ese día de septiembre…
Han llovido unos cuantos otoños ya.

«Aquella mañana no solo se sentía en el ambiente esfumarse el verano.
Había a la vuelta de la esquina esperando una despedida mucho menos esperada y mucho más decisiva para lo que sería mi vida a partir de entonces.

Allí estaba mi cuerpo serrano de 18 años, haciendo lo que me había acostumbrado a hacer hasta entonces: competir.

Directo y al grano.

Sobre ruedas y a lo loco.

Sin más, en medio de esa carrera ciclista, al paso por un pueblo en mitad del itinerario, desvié mi bicicleta a propósito y sin avisar hacia la izquierda.

Calle solitaria.

Silencio absoluto.

Mientras tanto, como era normal, el pelotón de los escapados del que formaba parte segundos atrás, ya seguía sin tregua su camino enfilando como una manada de caballos salvajes hacia la ansiada meta.

Pero este potro, abandonaba su carrera como ciclista.

Se acabó.

No podía más. Y no con los pedales precisamente.

Eso se me daba bien.

Detuve mi bicicleta en el umbral de aquella puerta,
de aquella casa,
de aquel pueblo,
…y dejé desplomarse mi forjado culo de ciclista sobre el frío escalón de su entrada.

Ahí llegó el torrente…

Desarmado,

Dolido, y a la vez entregado al sentir,

abierto en canal como el estuario del río Tajo, comenzó a desbordarse el pasado sobre mis ojos.

Pude sentir fundirse a la vez el dolor de una perdida increíble, lo que hasta entonces era mi identidad fabricada de futura promesa del ciclismo, con el nacimiento de un nuevo ser.

En pocos segundos mi cara empapada.

Sin embargo, y sin tener ni idea de cómo iba a ser mi vida, podía sentirme «yo», no sabía bien “quién” pero al fin y al cabo, yo, sin necesidad de ser nadie, ni de superar a nadie, y menos a mí mismo.

Y aún con eso dolía… no veas cómo.

Así fue como en este instante, entre un parto de dolor y un halo de extraña paz abrazando a mi corazón sin sentido, saboreé por primera vez en mi vida algo parecido a la auténtica Libertad»

Elegir.

No existe mayor poder.

Fin

Vale, entonces…

¿Qué es lo que puedo hacer por ti?

Sin promesas

Ni imágenes con brillantina de tu versión ultra mejorada biónica espacial.

Tú no necesitas que se te venda la moto, solo que te hablen con claridad, para que te puedas mirar en tu interior de la misma manera.

Eso es lo que hago conmigo, y si tu quieres, contigo.

Ponerte delante con extrema claridad todo lo que tú puedes hacer por ti, hasta el último detalle que se te pueda pasar por alto

…y empujarte a la acción

Si fueras la típica o el típico adolescente que no se atreve a salir a bailar en la fiesta, aunque sabe que le encantaría… puedes tomarme como esa chica o chico que te robará la vergüenza llevándote de la mano a la pista de baile para hacerlo juntos.

Así, sí. 

Es más fácil. …y la noche es joven.

Siempre estoy atento a mis suscriptores.

No soy un ente virtual, bidimensional y etéreo que flota en el limbo de la red digital.

Estoy vivo.

Tanto como tú. 

Si sigues leyendo un poco, lo vas a entender mejor.

Aquí no hay protagonistas, ya lo sabes, aquí hay personas dispuestas a entregarse con verdadera implicación a su labor.

Así que no soy maestro de nadie.

Somos compañeros de clase.

Mi labor es ser libre, y ayudarte a que tú recuerdes y disfrutes de tu labor: de nuevo, ser libre.

Por cierto… libre, libre…
¿libre de qué?  

De los hilos del pasado, sígueme y lo entenderás.

…Y HASTA AQUÍ.

Esta es la carta de presentación a mi mundo.
Quizás un mundo diferente. 

¿quieres comenzar a conocerlo?

Pues te voy a invitar a que desde este momento, tú y yo sigamos en contacto.

Para eso voy a hacer lo que mejor se hacer, que es  contribuir a que aclares el camino que hay entre tu mente y tu corazón.

Así que te voy a escribir, y a regalarte palabras que cada día te acerquen quizás a comprenderte, y vivirte un poco mejor.

A perdonarte los viejos asuntos que se habían quedado bloqueados.

A soltar el hacha de guerra que sostienes «por si acaso».

En fin… 

A Vivir con más  alegría.

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